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Lo que la muerte de Vine nos enseñó de las redes sociales

Javier Sánchez

De las muertes ocurridas en 2016, una de las más icónicas en el mundo de las apps fue la de Vine. Una muerte más valiosa por lo que enseña sobre los fenómenos de viralización y consumo de aplicaciones, que por el número de afectados que deja a su paso. Cuando Twitter anunció el cierre de Vine (de la que es propietaria), los lamentos fueron por el contenido producido con anterioridad y no por las posibilidades que se “cerraban”.

¿Cuál es la mayor lección que deja Vine? Que una app puede morir por aquello que la lleva a la cima; en el caso de Vine, la posibilidad de producir videos instantáneos de seis segundos de duración. Lo que en un principio era una limitación se convirtió en un atractivo para los usuarios y pronto Vine fue una fuente de videos humorísticos, rápidos de consumir y fáciles de compartir, que contó con 200 millones de usuarios activos al mes.

Aunque en 2014, año en que Vine llegó a la cima con 3.6% de los usuarios de Android en Estados Unidos, Instagram ya permitía compartir videos de hasta 15 segundos de duración, sus contenidos tenían tonos diversos no cerrados al humor. En el caso de Vine, el tono humorístico fue claro desde un inicio y, además, llevó a una separación más tajante entre quienes estaban en la app para producir y quienes estaban para consumir.

En realidad, uno de los motivos del lanzamiento de Vine era llenar el vacío de contenido multimedia que Twitter tenía en ese momento. Pero resultaba difícil imaginar un vine informativo o serio que pudiera condensar la información en solo seis segundos.

Si la mayor motivación para estar en Vine era el humor y los productores se diferenciaron claramente, el siguiente paso era capitalizar el éxito y monetizar el contenido, algo que Vine no permitía. Así fue como los grandes viners emigraron a Facebook, Youtube o Instagram, que sí les permitían obtener ganancias. De esta forma Vine perdió a sus estrellas y, con ellos, a sus usuarios.

Esto demostró que, a pesar del éxito y la innovación que era Vine, otras redes sociales seguían teniendo ventajas claras, aunque menos evidentes. Los usuarios, salvo nichos específicos, no suelen estar en las aplicaciones por motivos tan específicos como parece.

Parte del éxito de redes como Facebook, Twitter o Instagram radica en que permiten tener contenido informativo, humor (en donde se acomodaron los usuarios de Vine), relaciones de trabajo, escuela, ocio y demás en una sola aplicación. Eso explica una competencia cada vez más intensa entre ellas, por la que actualmente se pueda transmitir video en vivo en cualquiera de las tres; que Instagram copiara descaradamente las funciones de Snapchat; o que Twitter cada vez incorpore más tipos de contenido multimedia e informativos.

Lo que hizo Vine fue explotar una posibilidad de producción de contenido, crecer con ella y luego ver cómo esas posibilidades eran exportadas a otras redes sociales que permiten eso y más. La idea de tener apps tan específicas está dejando de ser atractiva (lo repito, salvo en nichos muy específicos); resulta más funcional y cómodo tener varias funcionalidades en unas pocas apps.

Y si Vine desapareció, la idea del vine como formato de video humorístico corto sigue demasiado viva en las redes sociales. Si algo hay que agradecerle a Vine, será la creación de un formato humorístico breve y fácil de compartir. Gracias, Vine.

Foto: s3.amazonaws.com

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