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Códigos de Ética Comunicacionales: pautas para crear el tuyo y por qué tenerlo

Códigos de ética
Autora: Sofía Pérez

Tiempo de lectura: 2 minutos


¿Has prestado atención a los copys que acompañan las noticias de los principales medios informativos?, ¿no? Ni siquiera tienes que entrar a los contenidos, desde redes sociales es evidente cómo replican, normalizan o invisibilizan violencia o discriminación, particularmente en casos de violencia contra mujeres (feminicidios incluidos), o cuando abordan información sobre grupos en situación vulnerabilidad social, como niñas, niños y adolescentes.

Las consecuencias están documentadas y van desde procesos de revictimización hasta la ejecución de tribunales mediáticos, contribuyendo a vulnerar derechos de las personas que protagonizan un conflicto.

¿Qué son los Códigos de Ética?

En general, podemos verlo como un listado de principios a seguir. Pero también como algo más profundo y complejo, como explica Marco Lara Klahr: se trata de una “promesa de servicio al público, que contiene los valores editoriales a los que el medio y sus comunicadores o periodistas se comprometen con su audiencia”.

Desafíos para construir e implementar un Código de Ética

Suelen ser tres:

  1. No se cumplen porque no son conocidos entre las personas que deberían usarlos, es decir, entre el equipo de comunicadores o periodistas de un medio u organización que emite mensajes a una audiencia
  2. Contienen demasiadas cláusulas, haciendo poco realista su cumplimiento u operatividad
  3. Existe el Código pero no protocolos ni ingenierías de procesos para que se lleve a cabo

¿Existen incentivos para comunicar apegados a Códigos de Ética?

El objetivo del periodismo no es “conseguir la nota”, ni el de la comunicación “publicar el contenido”. Ambos son servicios públicos para garantizar a las comunidades acceso a información útil y de calidad, respetando los derechos de las personas. ¿Pero tenemos las y los periodistas o comunicadores incentivos para hacerlo así?

En la realidad, los incentivos son escasos, y los responsables de crearlos serían el Estado y el propio público, sin embargo, la falta de mecanismos de contrapeso democráticos entre gobierno, sociedad y gremio periodístico repercute en la calidad de la información que se disemina.

Si a eso sumamos la falta de recursos para profesionalizarse y un panorama mediático donde la mayoría de los actores que emiten información, desde medios industriales hasta organizaciones o el propio gobierno, está centrada en monopolizar el espacio público y captar audiencias, los incentivos para seguir principios deontológicos son mínimos.

Una alternativa… ¡un Decálogo Deontológico!

Un Decálogo Deontológico puede considerarse como “una guía de principios y valores que se basa en el bien hacer profesional o de un oficio” (Marco Lara Klahr, 2019). En el caso de los medios y las organizaciones, podríamos establecerlo basándonos en un manual de procesos editoriales que nos guíe sobre cómo cumplir los valores de acuerdo con la profesión periodística, logrando comunicar sin violentar los derechos de las personas y garantizando al mismo tiempo nuestro derecho legítimo a obtener información y emitirla.

Un primer paso es conversar al interior de los equipos editoriales el listado de valores positivos y negativos con los que nos gustaría que fuera asociada nuestra forma de comunicar, en forma y fondo.

¿Un ejemplo? Checa el Decálogo de Ética Comunicacional de otromexico, sc.

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