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“Las mujeres estamos en constante búsqueda de un lenguaje que nos nombre”

 

Curaduría de contenido
Lenguaje inclusivo
Artículo original extraído de Pikara Online Magazine de Laura Rendondo

La vida de Gloria Fortún son los libros: leer, escribir, traducir a otras autoras, dar a conocer la obra de las mujeres que hacen literatura. Su vida son los libros, como lo son el feminismo y el activismo. En los últimos meses hemos oído su nombre más que nunca, debido al éxito de Cómo acabar con la escritura de las mujeres (coeditado por Dos Bigotes y Barrett), escrito hace más de tres décadas por Joanna Russ y traducido al español, al fin, por ella.

Feminismo desde la literatura y desde la alegría

El ensayo de Joanna Russ ha sido todo un descubrimiento para muchas personas, por el contenido, que continúa siendo actual, pero también porque no tanta gente en España conocía a Russ. ¿Qué ha pasado para que tantos años después de la publicación de este libro, por fin se traduzca al español? ¿Por qué hemos tardado tanto?

Para bien y para mal, el feminismo se ha puesto de moda. Con “para mal” me refiero a que con este boom del #Metoo, el 8 de marzo, etc. A veces se nos olvida que el feminismo es un movimiento de justicia social que lucha por el bien común. No se trata de empoderarse individualmente sino de luchar juntas y ser muy muy incómodas para el sistema.

Pero como digo, se ha puesto de moda y esto impulsa a las editoriales a ponerse las pilas y publicar ensayos feministas. No solo esto, sino que también rescatan a las olvidadas. Por ponerte un ejemplo, ahora hay editoriales importantes recuperando a Kate Millett o textos antiguos de Virginie Despentes. Además, este boom no tiene pinta de ser pasajero en absoluto, ya que el feminismo es interseccional y recorre tantos aspectos de nuestra vida que una vez te pones las gafas moradas, como se dice, es imposible volver atrás.


El feminismo es interseccional y recorre tantos aspectos de nuestra vida que una vez te pones las gafas moradas, como se dice, es imposible volver atrás.


En el caso de este ensayo de crítica literaria feminista de Joanna Russ, escrito ya hace 35 años, se recupera por parte de Dos Bigotes, que es una editorial comprometida desde su nacimiento con el feminismo, y de Editorial Barrett, que también tiene un decidido compromiso con los movimientos sociales. Joanna Russ fue conocida en los ámbitos de la ciencia ficción por escribir libros de este género, pero su activismo feminista nos dejó esta joya que sigue siendo completamente actual porque, desgraciadamente, el patriarcado capitalista y racista continúa siendo hostil día a día.

¿Cómo valoras la tendencia de las editoriales españolas de traducir ensayo feminista a saco, especialmente éxitos de ventas como los de Roxane Gay, Chimamanda Ngozi Adichie, Laura Bates, etc.?

Mencionas a dos mujeres racializadas, Roxane Gay Chimamanda, pues viva, estos tienen que ser sus tiempos, el feminismo tiene que ser antirracista o no ser. Y encima Roxane Gay es gorda, también esto es muy importante. Una gorda que se atreve a mostrarse y que encima vende. ¿Cómo osa? Bravo por ella. A mí su Hambre me marcó mucho y doy las gracias a la editorial Capitán Swing por publicarlo.

La mayoría de las grandes editoriales publicará lo que vende, siempre que esté dentro de sus criterios. Ahora es el feminismo, pues a ello. Mañana es otra cosa, pues se cambia. Las editoriales independientes tienen un compromiso más politizado y que se va a mantener en el tiempo.

Feminismo y literatura son dos ejes vertebradores de tu trabajo. ¿De qué maneras ayuda la literatura al feminismo? Y viceversa.

Todas somos narradoras. Sí, la narración es un arte, pero también es un acto cotidiano. Como escritoras y como lectoras necesitamos desbaratar el canon androcéntrico y racista, que genera interpretaciones androcéntricas y racistas.


La literatura es una herramienta muy poderosa dentro del feminismo para incluir los puntos de vista de los grupos oprimidos e indagar en esa mitología que tomamos como verdad objetiva y que no lo es, sino que simplemente refleja las normas dominantes. No solo nos permite un mejor conocimiento del pasado sino tener una nueva perspectiva del presente y del futuro.


El feminismo, por su parte, proporciona a la literatura la felicidad de saber que no todo está escrito, que podemos seguir experimentando, buscando cómo explicarnos el mundo.

¿Actividades feministas para las ya convencidas?

A veces parece que las actividades feministas se desarrollan en una burbuja y que solo se interesan por ellas personas que ya están comprometidas ideológicamente. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Durante un tiempo me preocupaba mucho eso, que la palabra feminista saliera de su burbuja, porque de lo que se trata es de poder visibilizar este discurso y de reconocer las voces que hasta ahora no han sido reconocidas (no damos voz, la voz ya existe, la reconocemos).

Pero ahora pienso que, al menos en aquello en lo que yo estoy involucrada, por ejemplo con la increíble Fundación Entredós de Madrid, donde hago muchos talleres y gran parte de mi activismo, se intenta dar la mayor difusión posible. Hoy en día lo tenemos fácil con Internet, las redes sociales… y en Entredós el boca a boca funciona muy bien: una amiga se lo dice a otra y a otra y a otra… Así que quien no va, al menos si vives en grandes ciudades como Madrid, es porque no quiere o puede. Nosotras seguiremos difundiendo todo lo que podamos.

No ha habido un solo taller o actividad de la que yo haya formado parte donde no me haya encontrado gente con muchísimas ganas de escuchar y aprender y donde no haya aprendido yo también de estas personas. Por supuesto, siempre hay el típico que suelta su discursito o su mansplaining, pero eso es otra cosa [risas].

En el prólogo del volumen de relatos inspirados en grandes escritoras Ábreme con cuidado (Ed. Dos Bigotes) te defines como “escritora en ciernes -cosa que quiero ser siempre, para no dejar de experimentar ni de desafiarme”. ¿Es posible ser siempre escritora en ciernes? ¿Cuáles son las ventajas de serlo?

Para mí es fundamental no perder esa humildad, que me ayuda a no dejar de maravillarme. Soy escritora, de eso no cabe duda, creo algo sobre un papel en blanco todos los días. Quiero ser más autora de lo que soy, porque tengo poquito publicado, pero espero terminar mi primera novela pronto. Me gusta hacer esa distinción entre escritora (que escribe literatura) y autora (de algo terminado).

Y sí, siempre escritora en ciernes porque espero que en todo momento haya algo nuevo que no he probado, otra autora a la que admirar y de la que aprender… además las mujeres, en constante búsqueda de un lenguaje que nos nombre, vivimos permanentemente en construcción dentro del lenguaje. 

Una de las labores más importantes del feminismo es hacer genealogía

También te denominas “cazadora de la historia de las mujeres que el patriarcado ha robado”. ¿Cómo podemos rescatar esa historia a través de la literatura?

Una de las labores más importantes del feminismo es hacer genealogía, sacar a la luz a las autoras que el canon universal (es decir, masculino) ha dejado de lado, que la historia no menciona.

¿Por qué dividimos los periodos históricos en guerras, en colonizaciones, en terribles reinados? ¿Por qué no contamos la historia a través de las creaciones, del arte, de la cultura, de la gente que ha mejorado el mundo? Entonces no cabría otra que incluir a muchísimas mujeres.

Para mí es así como se hace. Contando la historia de otra manera y escuchando los silencios del canon. Porque estamos ahí, las personas minorizadas estamos en esos silencios.

Literatura lésbica

En tu opinión, ¿cómo se está visibilizando el lesbianismo en la literatura?
Quizá lo interesante aquí sea que el tema en la literatura actual no es “soy lesbiana”. Las protagonistas lo son y ya está. Yo recuerdo que fui a un taller de escritura cuando era veinteañera. Las protagonistas de mis relatos solían ser lesbianas, pero mis historias trataban de todo tipo de cosas. Sin embargo el profesor me dijo: “Veo que te gusta la temática lesbiana”. Así que si hay una lesbiana en el relato, ¿ese es el tema? No la soledad, un asesinato, una relación madre-hija, qué se yo… así que creo que estamos pasando a esa fase en que la visibilización va por incorporar personajes de sexualidades diversas en historias de todo tipo.
¿Qué referentes de literatura lésbica actuales destacarías?
Yo leo bastante en inglés y me da mucha pena que haya poco traducido: por ejemplo Eileen Myles, ¡necesitamos a Eileen Myles, editoriales! Una bestia que ha sacado Anagrama es a Carmen María Machado. Brutal la traducción de Borderlands-La Frontera de Gloria Anzaldúa que ha realizado Carmen Valle para Capitán Swing. Otro problema es que los libros se descatalogan, duran tan poquito… Por ejemplo la novela experimental Barroco al alba de la franco-canadiense Nicole Brossard es bellísima, salió en Seix Barral y ahora es imposible de encontrar. Dos Bigotes está sacando literatura lésbica de gran calidad, como las obras de Pilar Bellver. Y no quiero dejar de mencionar a Jeanette Winterson, grande entre las grandes.

La traducción feminista contra dominación lingüística patriarcal

 


La traducción feminista tiene dos propósitos: recuperar textos de mujeres, como ya he comentado antes, y traducirlos tratando de bombardear la dominación lingüística patriarcal. De este modo creamos una estética feminista

¿Cómo se influyen mutuamente las tareas de escribir y traducir? ¿En qué se ayudan y qué hace complicada esa relación?

Las traductoras también somos autoras, también somos creadoras. Escribir y traducir tienen en común que son actividades de creación. La traducción feminista tiene dos propósitos: recuperar textos de mujeres, como ya he comentado antes, y traducirlos tratando de bombardear la dominación lingüística patriarcal. De este modo creamos una estética feminista. Esto se relaciona mucho también con mi manera de abordar la escritura, siempre en busca de un nuevo lenguaje no patriarcal.

Para mí lo complicado como escritora a la hora de llevar a cabo una traducción literaria es no dejarte ver. Cuidado con el ego. La voz que tiene que escucharse es la de la autora que estás traduciendo, no la tuya.

 ¿Decidir el género de cada persona citada es tan complicado como parece? Imaginemos que el libro habla de un autobús y dice “the driver”, ¿cómo sabríamos si es el conductor o la conductora?

Estas dudas son mi pan de cada día como traductora feminista, ay. Pues mira, yo intento optar lo menos posible por el neutro en masculino, que de neutro no tiene nada. El castellano es un idioma muy rico y suele haber palabras que se pueden usar en lugar de este masculino genérico. Por ejemplo, en lugar de decir “mis alumnos” puedes decir “mis estudiantes” (es el caso de la dedicatoria del ensayo de Joanna Russ).

Lo que me niego es, si la autora es una mujer, a traducir en masculino. He visto muchos “uno puede llegar a pensar que…”. ¿Cómo que uno? ¡”Una puede llegar a pensar”, que lo ha escrito una mujer!

En el ejemplo que me pones de “the driver”, si el texto no especifica siquiera si es hombre o mujer, es que es un personaje que no importa mucho, así que, ¿cuál sería la tragedia de ponerlo en femenino? Ninguna, pero sin embargo, qué gustazo el clic que haría en la mente de quien está leyendo el libro imaginarse una conductora. Por tanto yo, o un neutro de verdad (“la persona que conducía el autobús”) o un femenino (“la conductora”) salvo en contextos en que esto fuera imposible (si la historia transcurre en Arabia Saudí, por decir algo).

Aún sigue siendo un tema muy polémico, se continúa hablando de economía del lenguaje. ¿Y por qué esta economía tiene que ir en detrimento de las mujeres?

Rosie la Remachadora no debería ser reivindicada como icono feminista 

Tu hilo sobre por qué Rosie la Remachadora no debería ser reivindicada como icono feminista se hizo viral y muchos medios, desde Playground a La Voz de Galicia, hicieron noticia de ello. ¿Cómo lo viviste? ¿Cómo interpretas esa tendencia por la que los medios sacan noticias de la actividad en Twitter, usando el feminismo como anzuelo (clickbait) y que, al mismo tiempo supone una potente vía de difusión de la divulgación feminista?

Me quedé alucinada. Cada vez que abría Twitter me habían retuiteado y contestado cientos de personas. Me empezaron a llegar artículos en los que se hablaba de mi post… ¡qué locura! Mi sensación fue que había sido algo aleatorio, porque otras veces ya había escrito tuits en los que contaba cosas del mismo estilo que no habían tenido tanto éxito. Cierto que no soy muy amiga de los hilos, lo que me gusta de Twitter precisamente es poder ir al grano, si quiero contar algo largo prefiero escribir un post en mi blog o en otra red social.

La visibilidad está bien, supongo, pero no suelo leer muchos anzuelos porque no suelen profundizar en nada. Me gustan los artículos cuya autora o autor ha dedicado su tiempo a investigar, a escribir con un lenguaje cuidado… que se ha movido en la creatividad y no ha carroñeado en las redes.

En ese hilo sugerías la necesidad de tener en cuenta otros iconos feministas, ¿cuáles son los nombres que más sueles recomendar en este sentido?

En el hilo hablaba de que hemos sido muy obedientes. Un señor nos dijo: este tiene que ser vuestro icono. Ahora lo vamos a usar para que os pongáis a trabajar en las fábricas mientras los hombres hacen la guerra. Pero el día de mañana la misma Rosie os dirá que dejéis los empleos y volváis a ser ángeles del hogar. A las mujeres blancas, claro. Las racializadas habéis trabajado siempre y seguiréis haciéndolo. Pero vosotras no importáis, no os hace falta una Rosie.

Es hora de crear nuestros propios iconos. Mujeres fuertes de todos los colores y tamaños que desafíen las reglas de lo que se supone que tiene que ser una mujer.

Y ahora te voy a decir dos nombres. Pero mañana seguramente te diría otros. Porque hay mujeres tan potentes…

Hoy te digo: Virgie Tovar, que ha escrito Tienes derecho a permanecer gorda Marielle Franco, diputada brasileña asesinada en 2018 por negra y por lesbiana.

Y así, acabo diciendo: ¡Marielle presente!

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