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¡Panzas (cheleras y de todo tipo) contra la opresión!

Gordofobia
Miguel Torres Caudillo
Tiempo de lectura: 2 MIN.

Unas de las historias más traumáticas de la infancia son las que se remontan al patio de recreo, con niños y niñas agrediéndose con expresiones como “lloras/corres/hablas como niña” y “qué marrano estás, ¡asco me das!”. Desde entonces, las y los niños -pero en especial los niños- aprenden que lo femenino y la gordura no son cualidades viriles o de fortaleza. Y, desde entonces, comienzan a internalizar una profunda aversión hacia los cuerpos feminizados y gordos.

Sin embargo, el ideal de tener un cuerpo “perfecto” afecta a ambos géneros aunque de distintas maneras; lo encontramos en todos lados: en el cine comercial, la publicidad, programas de televisión, la prensa, etcétera. Como sociedad, hemos normalizado que estar delgadx es un rasgo de belleza y aptitud, mientras que estar gordx es sinónimo de fealdad e ineptitud.

Pues bien, hay un movimiento social que ha luchado por denunciar y desmontar las violencias que sufren las personas gordas por no encajar en los estándares de belleza occidental. Este grupo de activistas y académicos denominan gordofobia al odio institucionalizado hacia las personas gordas, que se expresa por medio de regímenes de observación y control hacia sus cuerpos, y que está normalizado en discursos y prácticas patologizantes.

Ilustración: @artemapache

¿Una novedad millennial?

Para nada, uno de los orígenes del activismo gordx se remonta a la década de los setenta en Estados Unidos, con la conformación de la colectiva feminista The Underground Fat, integrada principalmente por mujeres lesbianas.
The Underground Fat estaba interesado por la problemática del poder, especialmente del poder medicalizador y su impacto negativo en las mujeres gordas. Su feminismo incluyó análisis de género y sexualidad, discapacidad y raza, pero su principal preocupación era una noción más abstracta del poder: el poder del sistema y la acción individual frente a la opresión. Lo personal es político.

Crearon una forma de entender lo que es ser gordx dentro de las culturas que buscan la aniquilación simbólica y material de las personas gordas. Esto implicó la adopción de un modelo similar al del activismo de la discapacidad, que afirma que no es la persona que debe cambiar para adaptarse al mundo, sino que el mundo debería ser capaz de adaptarse a la diferencia.

Ilustración: @artemapache

Lo no tan positivo del “body positive”

De acuerdo con Moviéndonos más allá de la positividad corporal, de Asam Ahmad, hay que complejizar esta celebración acrítica y plana de la positividad corporal y así poder preguntarle de qué manera falla y deja de ayudarnos a materializar el mundo que imaginamos.

La positividad corporal no puede ser la única estrategia, debe ser una de las tantas disponibles para desmantelar el fascismo corporal y todas las formas del odio hacia nuestros cuerpos.

Hay tantos sistemas en este mundo que nos enseñan a odiarnos a nosotrxs mismxs; en ese contexto, la positividad corporal puede sonar como si el “amor propio” y no el desmantelamiento y la reordenación de los sistemas pudiera ser una solución “feliz” a todos estos problemas.

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